SARA ROYO. Colegiada nº 2055
Avda. SALVADOR ALLENDE 5
50015 ZARAGOZA
Tel: 674 62 01 79

Con el paso de los años, concretamente 4000, en la antigua Mesopotamia, la farmacia ya apuntaba maneras de convertirse en una de las profesiones mas relevantes de cualquier sociedad que aspirase a sobrevivir en un mundo por descubrir.
En sus mostradores se han vivido situaciones como para poder escribir relatos de toda índole. Hoy, desde nuestro experiencia, hablaremos de algunos curiosos y que nos han hecho sonreír.
Todo transcurrió en una mañana normal, de esas que viene en negro en el calendario. Un cliente de edad avanzada y con dificultades de movilidad se persono con su cuidadora, que tenía unos 20 años y su esposa que era de la misma quinta que él. Pidió que se le tomase la tensión mientras su esposa era atendida por mí, la cual expresaba su malestar al tener que cuidar a su marido «estoy para que me cuiden a mí» decía.
Mientras mi compañero escuchaba su latido, comenzó a toser fuertemente y a perder la estabilidad estructural, por lo que mi compi pidió ayuda y salí disparado a sujetar al señor que se caía como un edificio derruido. En ese momento, entre tos y tos, empezó a asomar por la boca del señor la parte superior de su prótesis dental, la cual salió como una bala entre nuestras miradas atónitas que siguieron la trayectoria hasta que impacto contra el suelo, con el impacto visual que eso supone.
Tras una recuperación milagrosa, el señor se rehízo del ataque de tos destructora, mientras se escuchaban los gritos de su mujer, «no se te puede sacar a ningún sitio». Mi compañero en un segundo intento de realizar la prueba se dispuso a llenar el manguito del aparato, cuando un segundo ataque se tos maldita acabó con su estabilidad. Mientras se derrumbaba de nuevo y los demás intentábamos que no cayera, la parte inferior de la dentadura amenazaba su salida estrepitosamente al igual que su gemela pero como si de un personaje de Matrix se tratara, la esposa que se había acercado a contemplar la escena, lanzo se mano derecha al aire con la mano abierta, proporcionándole al señor un super «SOPAPO» en toda la boca, que a la vez que sirvió como antitusivo, le encajo perfectamente la prótesis para varios años. La recuperación fue de ipso facto ante el desconcierto de mi compañero y el mío propio. «Vámonos, que vergüenza» grito la señora que tirando del brazo del señor y clavando una mirada matadora a la cuidadora, se marchaba toda indignada.

Madre mía, que momento. A mitad de camino, mi compañero y yo contemplamos tirados en el suelo los dientes olvidados del señor que salieron volando. ¡Señora, los dientes de su marido, que se los olvida! Entro a la rebotica y directamente, tal como los cogió, se los metió al marido a la boca con la misma fuerza que a su hermana la parte inferior. Y fueron felices y comieron perdices.
En fin, estas cosas sólo se dan en una farmacia y por esto y otras muchas cosas, adoramos nuestro trabajo….
Así fueron mis primeros días trabajando en una farmacia en Barcelona, experiencia que no podré olvidar.
David Aguilera
SARA ROYO. Colegiada nº 2055
Avda. SALVADOR ALLENDE 5
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La vuelta a la «FARMACIA»